El proceso de c…

El proceso de crecimiento espiritual nos exige también ser amables y pacientes con nosotros
mismos. Sentirse frustrado, imponerse expectativas o metas concretas y reprenderse cuando
no se llega del todo a la meta son reacciones comunes pero no útiles. Nos llevó muchos años
construir nuestras defensas, de modo que no podemos esperar derribarlas de la noche a la
mañana. Nuestra alma tiene su sabiduría propia y no nos va a permitir ver nada de nosotros
mismos (y mucho menos liberarlo) que no estemos verdaderamente preparados para ver.
Cuando comenzamos a hacer este tipo de trabajo, aparece también el temor común a que estar
presentes signifique sentarnos a «contemplarnos el ombligo» o mirar fijamente una pared.
Tenemos la idea de que si estamos más presentes no seremos capaces de hacer frente a los
problemas importantes de nuestra vida, estaremos «distraídos», seremos poco prácticos e
ineficaces. De hecho, ocurre lo contrario: estamos más alertas y nuestros juicios y
percepciones son más correctos.

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